Los llamados inversores de valor han sufrido una década complicada al evitar lo que consideran acciones estadounidenses sobrevaloradas, pero que aun así superaron al mercado. Muchos sienten que, más allá del reducido grupo de gigantes tecnológicos que lideran Wall Street, gran parte del rendimiento de las empresas estadounidenses no ha sido tan “excepcional”, y que la fortaleza del dólar jugó un papel decisivo en esas ganancias.
Este debate no es nuevo. Durante años, se ha discutido sobre la excesiva concentración del crecimiento bursátil en unas pocas compañías de gran capitalización, mientras los fondos que mantienen posiciones reducidas en ellas siguen viendo cómo los índices avanzan sin detenerse. Aun así, numerosos gestores sostienen que las valoraciones actuales son insostenibles en niveles históricos. Los inversores pasivos, sin embargo, parecen no preocuparse: las seis grandes tecnológicas ya representan casi un tercio de la capitalización total del S&P 500, que volvió a marcar máximos a pesar de las breves turbulencias recientes.
Para los gestores de valor, que creyeron ver una oportunidad durante la volatilidad de abril, la decepción persiste. Mientras tanto, surgen nuevamente dudas sobre los retornos de negocio relativamente modestos del resto de las aproximadamente 490 compañías que componen el índice. Y aunque Wall Street ha tocado nuevos récords, en 2025 los índices estadounidenses han quedado rezagados frente a sus pares internacionales: el S&P 500 acumula un alza cercana al 10%, muy por debajo del índice MSCI All-Country, de las acciones de la eurozona y de los avances medidos en dólares del DAX alemán.
El retroceso del dólar en 2025 ha sido un factor clave en este desempeño. Y algunos analistas sugieren que, si la debilidad de la divisa es parte implícita de las políticas comerciales e industriales del presidente Donald Trump, podría desafiar las suposiciones de largo plazo sobre el atractivo de las acciones estadounidenses.
La gestora GMO, con sede en Boston y referente en el mundo del value investing, reconoció en su última carta trimestral que su estrategia ha quedado rezagada durante demasiado tiempo. Sin embargo, insiste en que al excluir a las llamadas “Magnificent Six” —las grandes tecnológicas dominantes, con Tesla fuera del grupo— la tesis de inversión sigue siendo sólida. Según sus analistas, aproximadamente el 80% del exceso de ganancias del S&P 500 frente al MSCI World en los últimos 15 años provino de retornos difícilmente repetibles.
Los datos son contundentes: el retorno fundamental medio de una acción del S&P 500 (excluyendo financieras) en los cinco años hasta diciembre de 2024 fue de 4% anualizado, el más bajo desde mediados de los años ochenta. En comparación, las acciones internacionales (MSCI ex-EE. UU.) mostraron un retorno del 6,1% en el mismo periodo. GMO advierte que las tres grandes amenazas para las empresas estadounidenses son el aumento de aranceles, los problemas de oferta laboral derivados de políticas migratorias más estrictas y la mayor incertidumbre regulatoria.
Si bien un dólar más débil beneficia a los exportadores con base en EE. UU., la mayoría de las firmas del S&P 500 no se ajustan a esa descripción. De allí que GMO sostenga que, más allá de la prima de valoración frente al resto del mundo, la fe en que estas compañías acelerarán su crecimiento agregado es difícil de justificar. Su conclusión es clara: los inversores deberían considerar reequilibrar sus carteras hacia acciones extranjeras más baratas.
Fuente: Reuters